Mientras el Gobierno se ufana de sus triunfos políticos, conseguidos a base de un despliegue inédito de propaganda en la que no escatiman los ofrecimientos y promesas, un peligroso estancamiento ronda al país. Las cifras del año anterior dan cuenta que la economía no llegó a crecer más allá de un 2%. En este año el porcentaje sería similar. Insuficiente desempeño para un país que necesita expandirse a tasas aceleradas, pues la pobreza castiga a enormes segmentos de la población.
Si a esto añadimos que la inversión local y foránea es escasa, se configura un escenario preocupante porque, al parecer, estamos marchando sobre el mismo terreno. Pero no sólo eso, sino que al estar sometidos a variables fuera de nuestro control nos hemos convertido en una economía dependiente de la suerte que corra el precio de nuestro principal producto de exportación. Los ideólogos de estas rebautizadas teorías que en el fondo no son sino la exacerbación de los populismos de viejo cuño, advierten del riesgo de confiar el éxito económico únicamente a la capacidad de inversión del Estado.
Al menos existen dos elementos que contribuyen a crear dudas sobre el éxito del modelo planteado. El primero, la poca capacidad de gestión dentro en los entes encargados de llevar adelante proyectos de enorme envergadura que, sin suda, para coronarlos con éxito demandan experiencia anterior y conocimientos especializados. Eso sin mencionar la característica estatal inundada de trabas burocráticas que atentan contra una gestión eficiente. El otro, la escasez de recursos para tantas necesidades con el riesgo potencial que, acabada la bonanza petrolera, muchos de los proyectos se quedarían en el simple papel.
A esto hay que sumar que las proclamas políticas lejos de atraer inversión la ahuyentan. ¿Con qué reglas un inversionista puede arriesgar en el país? ¿Cuántos proyectos pequeños y medianos, por ejemplo en el sector eléctrico, están paralizados? ¿Qué tarifas regirán a futuro para poder calcular adecuadamente la recuperación de la inversión? ¿Existe una definición sobre si se permitirá o no la instalación de plantas de biocombustibles? ¿Qué políticas de precio regirían sobre estos productos?
Esta incertidumbre tiene paralizada a la economía y, lo más preocupante es que, no pocas veces, las arremetidas en contra de los que toman los riesgos vienen desde las altas esferas de Gobierno. La suma de estos elementos contribuye para que estemos rezagados ante nuestros vecinos que han optado por dar impulso a sus economías. ¿Cuánto tiempo más durará esta etapa dominada por la retórica política que desestimula a los actores económicos? ¿Acaso podrá subsistir el país y sus habitantes solamente con el impulso de la inversión estatal?
miércoles, 30 de julio de 2008
Coincidencias?
Hugo Chávez, durante su programa radial del pasado domingo, felicitó al presidente del Ecuador, así como a la Asamblea Constituyente, por el trabajo realizado en la redacción del flamante texto constitucional. Y aunque ha comentado que cada proceso tiene su propia particularidad, no ha encontrado mayores similitudes con lo ocurrido en Venezuela desde 1999. ¿Es esto así? ¿Qué piensa usted, estimado lector?
Para los que todavía no salen del estado de candor o para aquellos que armándose de valor se han propuesto leer ese lírico mamotreto de 444 articulados, quisiera sugerirles algo aún más interesante: ¿por qué no analizan, a más de las constituciones, los procesos seguidos en ambos países? Si examinan con cuidado van a darse cuenta de qué estoy hablando.
Comencemos. Roberto Viciano. Uno de los ‘genios’ españoles que asesoraron a Chávez en el proceso constituyente y que luego él mismoenvió a Ecuador.
Eso no es nada. Sigamos. Según los consejos de estos señores y las ambiciones de quienes los contrataron, la mejor manera para conquistar el poder era armar una estrategia electoral basada en el desprestigio y ataque a los supuestos causantes de los problemas: los partidos políticos. Esto, a más de profundizar la aguda crisis institucional de estos países, no implicó necesariamente un cambio en términos políticos. Se siguieron aplicando las mismas prácticas.
Para Chávez y Correa el asunto no solo radicó en ganar elecciones. Desde un inicio hubo la intención de acumular más poder y de conservarlo. Para ello, el camino a seguir no fue la revolución (palabra que pregonan hasta el cansancio) sino recurrir a un reformismo burdo que consistió en impulsar un proceso constituyente donde una amplia mayoría oficialista termina aprobando un texto acorde a sus intereses.
Si ustedes comparan, van a ver que en ninguno de los dos países hubo un proceso de diálogo y concertación verdadera. Y cuando acogieron ciertos criterios de la oposición solo fue en cuestiones poco sustantivas. En cuestiones claves, me refiero a lo orgánico de una constitución, se tendió en ambos países a la concentración extrema de poder en el Ejecutivo, limitando importantes facultades que tenían antes el Legislativo y Jurisdiccional.
Qué decir de la toma por parte de Chávez y de Correa de los principales órganos de control.
Pero lo peor de todo reside que tanto en Venezuela como en Ecuador la gente se dejó engañar por falsos líderes que han pretendido encarnar a la nación. No solo ello. Se han convertido en sujetos pasivos, acríticos y alienados, donde el que define las cosas no son ellos mismo sino los supuestos custodios de una revolución que nunca existió. Los cambios profundos se hacen con individuos conscientes y autónomos. Allí está el verdadero sentido de toda acción política.
Para los que todavía no salen del estado de candor o para aquellos que armándose de valor se han propuesto leer ese lírico mamotreto de 444 articulados, quisiera sugerirles algo aún más interesante: ¿por qué no analizan, a más de las constituciones, los procesos seguidos en ambos países? Si examinan con cuidado van a darse cuenta de qué estoy hablando.
Comencemos. Roberto Viciano. Uno de los ‘genios’ españoles que asesoraron a Chávez en el proceso constituyente y que luego él mismoenvió a Ecuador.
Eso no es nada. Sigamos. Según los consejos de estos señores y las ambiciones de quienes los contrataron, la mejor manera para conquistar el poder era armar una estrategia electoral basada en el desprestigio y ataque a los supuestos causantes de los problemas: los partidos políticos. Esto, a más de profundizar la aguda crisis institucional de estos países, no implicó necesariamente un cambio en términos políticos. Se siguieron aplicando las mismas prácticas.
Para Chávez y Correa el asunto no solo radicó en ganar elecciones. Desde un inicio hubo la intención de acumular más poder y de conservarlo. Para ello, el camino a seguir no fue la revolución (palabra que pregonan hasta el cansancio) sino recurrir a un reformismo burdo que consistió en impulsar un proceso constituyente donde una amplia mayoría oficialista termina aprobando un texto acorde a sus intereses.
Si ustedes comparan, van a ver que en ninguno de los dos países hubo un proceso de diálogo y concertación verdadera. Y cuando acogieron ciertos criterios de la oposición solo fue en cuestiones poco sustantivas. En cuestiones claves, me refiero a lo orgánico de una constitución, se tendió en ambos países a la concentración extrema de poder en el Ejecutivo, limitando importantes facultades que tenían antes el Legislativo y Jurisdiccional.
Qué decir de la toma por parte de Chávez y de Correa de los principales órganos de control.
Pero lo peor de todo reside que tanto en Venezuela como en Ecuador la gente se dejó engañar por falsos líderes que han pretendido encarnar a la nación. No solo ello. Se han convertido en sujetos pasivos, acríticos y alienados, donde el que define las cosas no son ellos mismo sino los supuestos custodios de una revolución que nunca existió. Los cambios profundos se hacen con individuos conscientes y autónomos. Allí está el verdadero sentido de toda acción política.
Trampa en el Regimen de Transicion
Hay que denunciarlo con frontalidad: el régimen de transición aprobado por la Asamblea rebasa completamente el Mandato que esta recibió del pueblo ecuatoriano y que se plasmó en el Estatuto. Ello constituye una descomunal arrogación de funciones y una gran trampa pues el pueblo ecuatoriano jamás lo autorizó.
Este llamado régimen de transición otorga a la Asamblea, si el sí triunfa, la capacidad de reunirse nuevamente y designar un ‘Congresillo’ o Comisión Legislativa con facultades extraordinarias. Aunque parezca increíble, esta Comisión podrá legislar materias tan importantes como la electoral, judicial, control social, comunicación, descentralización, entre otras.
Adicionalmente, tendrá el poder de organizar y conformar (provisionalmente) la nueva función electoral, el Consejo de la Judicatura y a través del mismo la nueva Corte Nacional de Justicia, la nueva función de control social y la Corte Constitucional. Este ‘Congresillo’, por tanto, elegido a dedo por una Asamblea que ya no podría reunirse pues su tiempo culminó no solo legislará a discreción y bajo la tutela del Presidente, sino que aprovechará su tiempo de vida (quizá medio año) para designar a las autoridades que dirigirán dichos organismos por un lapso indeterminado; lapso suficiente para asegurar el control del Ejecutivo sobre su conformación definitiva.
Con ello, el presidente Correa logrará un dominio absoluto sobre la totalidad de instituciones del Estado, instituciones que en un Estado de derecho deberían irreductiblemente mantenerse ajenas de ingerencias políticas, peor, de la influencia exclusiva del Ejecutivo.
Inverosímil. Trampa brutal. Recomiendo el análisis de las transitorias del proyecto de Constitución y de los 30 artículos del llamado régimen de transición para comprobarla. ¿La pregunta es quién les autorizó semejante barbaridad; ¿quién otorgó a la Asamblea el poder para no solo hacer un nuevo proyecto de Constitución sino, además, para reinstalarse una vez fenecido su tiempo de funcionamiento y crear a dedo un órgano legislativo que legislará sin oposición ni competencia democrática y nombrará a las autoridades que han de dirigir las nuevas instituciones del Estado?
Con este régimen de transición, la mayoría de la Asamblea, por orden del presidente Correa, intenta dar un golpe de Estado y copar, a través del referéndum, toda la institucionalidad política y jurídica del país. Dirán que se trata de un mecanismo transicional, que es democrático porque el pueblo lo votará en el referéndum, que todo ello ocurrirá a través de concursos públicos de méritos.
Sin embargo, constituye una trampa descomunal colar a la aprobación de los 444 artículos constitucionales la ratificación, en bulto, de un Régimen de Transición que contiene, nada menos, que la captación de todo el poder para el grupo de mayoría. ¿Es esto un golpe de Estado o qué es?
Este llamado régimen de transición otorga a la Asamblea, si el sí triunfa, la capacidad de reunirse nuevamente y designar un ‘Congresillo’ o Comisión Legislativa con facultades extraordinarias. Aunque parezca increíble, esta Comisión podrá legislar materias tan importantes como la electoral, judicial, control social, comunicación, descentralización, entre otras.
Adicionalmente, tendrá el poder de organizar y conformar (provisionalmente) la nueva función electoral, el Consejo de la Judicatura y a través del mismo la nueva Corte Nacional de Justicia, la nueva función de control social y la Corte Constitucional. Este ‘Congresillo’, por tanto, elegido a dedo por una Asamblea que ya no podría reunirse pues su tiempo culminó no solo legislará a discreción y bajo la tutela del Presidente, sino que aprovechará su tiempo de vida (quizá medio año) para designar a las autoridades que dirigirán dichos organismos por un lapso indeterminado; lapso suficiente para asegurar el control del Ejecutivo sobre su conformación definitiva.
Con ello, el presidente Correa logrará un dominio absoluto sobre la totalidad de instituciones del Estado, instituciones que en un Estado de derecho deberían irreductiblemente mantenerse ajenas de ingerencias políticas, peor, de la influencia exclusiva del Ejecutivo.
Inverosímil. Trampa brutal. Recomiendo el análisis de las transitorias del proyecto de Constitución y de los 30 artículos del llamado régimen de transición para comprobarla. ¿La pregunta es quién les autorizó semejante barbaridad; ¿quién otorgó a la Asamblea el poder para no solo hacer un nuevo proyecto de Constitución sino, además, para reinstalarse una vez fenecido su tiempo de funcionamiento y crear a dedo un órgano legislativo que legislará sin oposición ni competencia democrática y nombrará a las autoridades que han de dirigir las nuevas instituciones del Estado?
Con este régimen de transición, la mayoría de la Asamblea, por orden del presidente Correa, intenta dar un golpe de Estado y copar, a través del referéndum, toda la institucionalidad política y jurídica del país. Dirán que se trata de un mecanismo transicional, que es democrático porque el pueblo lo votará en el referéndum, que todo ello ocurrirá a través de concursos públicos de méritos.
Sin embargo, constituye una trampa descomunal colar a la aprobación de los 444 artículos constitucionales la ratificación, en bulto, de un Régimen de Transición que contiene, nada menos, que la captación de todo el poder para el grupo de mayoría. ¿Es esto un golpe de Estado o qué es?
martes, 29 de julio de 2008
Sobre las Decisiones
SI NO HAS LEIDO O NO ENTIENDES LO QUE ESTA ESCRITO EN LA CONSTITUCION, ENTONCES NO SABES POR QUE VOTAS...TE CORRESPONDE VOTAR NULO...
SI HAS LEIDO Y ENTIENDES LO QUE DICE LA CONSTITUCION ...TE TOCA VOTAR ... NO...
SI LA HAS LEIDO, LA ENTIENDES Y ENCIMA QUIERES VOTAR SI, VUELVE A LEERLA Y PIENSA EN TU FAMILIA, TU PAIS Y EN TI MISMO...
LA CONSTITUCION Y EL PRESIDENTE SON DOS COSAS DISTINTAS, SI EL PERSONAJE TE CAE BIEN, ALLA TU, ES TU PROBLEMA, PERO LA CONSTITUCION ES TU FUTURO ---CON CORREA O SIN EL--- LEE BIEN Y PIENSA.
LAS REGLAS DEL JUEGO DEBEN ESTAR CLARAS PARA TODOS. LAS HICIERON UNOS CUANTOS ASAMBLEISTAS QUE NO SABEN DONDE ESTAN PARADOS, APURADOS ENTRE GALLOS Y MALAS NOCHES...
TU VOTO NO ES PARA PRESIDENTE, NO ES PERSONAL, TU VOTO RAZONADO ES PARA LA CONSTITUCION...
NO TE CONFUNDAS.............
Acerca del "Regimen de Transicion"
Días antes de que concluya el proyecto constitucional, se advirtió que faltaban el preámbulo y las disposiciones del denominado Régimen de transición. Sin embargo, el texto entregado oficialmente carece de esos dos componentes. En el primer caso, significa que cuando se efectúe el referéndum no habrá la reseña filosófica e histórica del texto constitucional que se pone a consideración del pueblo. En el segundo caso, el pueblo al sufragar desconocerá qué régimen de poder -Legislativo y Judicial, principalmente- se establecerá en el país, amparado por una victoria electoral en el caso de que triunfe el sí.
En estas páginas editoriales, se destacó la astucia de incluir en el gran paquete de artículos constitucionales y disposiciones transitorias estos difíciles y complejos temas, a fin de que, en el caso de ganar la opción positiva, también sean aprobados en bulto; sin embargo, parece que fueron eliminados en las horas finales. En estas condiciones debe producirse un gran consenso nacional, para exigir que el pueblo vote por un texto constitucional al que tenga pleno acceso y no por disposiciones que estarían ocultas o en reserva hasta después de que se conozcan los resultados del referéndum .
Únicamente en la primera y segunda disposición transitoria del proyecto existen indicios cuando se hace mención a un “órgano legislativo” y se especifican algunas de sus tareas .
Es imposible que tal entidad sea el anterior Parlamento, tampoco es probable que sea la Asamblea Nacional que se elegirá en el 2009; en consecuencia, debe ser el misterioso ‘Congresillo’, cuyos miembros no serán elegidos por el pueblo, que tampoco conoce su integración y sus facultades. Es decir, regresarán los plenos poderes.
En estas páginas editoriales, se destacó la astucia de incluir en el gran paquete de artículos constitucionales y disposiciones transitorias estos difíciles y complejos temas, a fin de que, en el caso de ganar la opción positiva, también sean aprobados en bulto; sin embargo, parece que fueron eliminados en las horas finales. En estas condiciones debe producirse un gran consenso nacional, para exigir que el pueblo vote por un texto constitucional al que tenga pleno acceso y no por disposiciones que estarían ocultas o en reserva hasta después de que se conozcan los resultados del referéndum .
Únicamente en la primera y segunda disposición transitoria del proyecto existen indicios cuando se hace mención a un “órgano legislativo” y se especifican algunas de sus tareas .
Es imposible que tal entidad sea el anterior Parlamento, tampoco es probable que sea la Asamblea Nacional que se elegirá en el 2009; en consecuencia, debe ser el misterioso ‘Congresillo’, cuyos miembros no serán elegidos por el pueblo, que tampoco conoce su integración y sus facultades. Es decir, regresarán los plenos poderes.
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